No hace falta que llegues con una solución pensada. Cuéntame qué haces ahora, qué te complica el trabajo y qué te gustaría cambiar. Empezaremos por ahí.
Podemos reservar una conversación de 30 minutos para hablar de cómo trabajas hoy y qué tarea te gustaría mejorar. Es un primer paso para poner el problema sobre la mesa, no un diagnóstico completo.
Puedes contarme si la información se pierde, si repites una tarea muchas veces o si una herramienta que ya usas se te queda corta. Al terminar, tendrás más claro qué conviene revisar antes de elegir una solución.
Si veo una opción útil, te explicaré el siguiente paso. Si todavía faltan datos para valorar el trabajo, te diré cuáles son.
El objetivo es entender tu forma de trabajar y detectar por dónde podría empezar una mejora.
Repasamos los pasos, las herramientas que utilizas y dónde se acumula el trabajo.
Distinguimos lo que se repite de lo que requiere tu criterio o el trato directo con tus clientes.
Vemos dónde se guarda, quién la utiliza y si es fácil encontrarla cuando hace falta.
Antes de añadir herramientas, buscamos pasos que se puedan aclarar o hacer más sencillos.
Digitalizar, automatizar o usar IA son opciones distintas. Valoramos cuál encaja, si alguna encaja.
Te explico qué habría que revisar para definir un trabajo, su alcance y su presupuesto.
Si algo te ocupa demasiado tiempo o depende de mensajes, memoria o papeles sueltos, podemos empezar por entenderlo. No necesitas saber de tecnología.
Podemos empezar con una conversación de 30 minutos. Explícame tu situación y veremos qué conviene revisar después.
Primera conversación sin compromiso.